Mi vida

Personas sin personas…

En una habitación oscura, abrazados por la lluvia y cobijados con tazas de café… Murakami y yo platicamos de nuestras nacionalidades, nuestras costumbres y nos reímos de nuestros acentos extraños al pronunciar el inglés. Cubiertos de melancolía, finalmente nos enfocamos en amores insalubres y corazones rotos reconstruidos con cinta adhesiva.

Charlamos de lo que pasa cuando la alegría se ausenta, de los días grises y nublados, de los llantos nocturnos, de las miradas tristes, de la soledad…
De promesas sin cumplir y sueños desgarrados, de los “Para Siempre” convertidos en cortos lapsos de tiempo, de amigos inservibles, culpas adjudicadas y dolores incalculables…
De las borracheras después del “Ya no quiero vivir contigo”, de las crudas terribles y la cura con alcohol ¡Aún peor! que repite ciclos alcohólicos interminables…
Del sufrimiento, inclusive por la belleza de una flor… Una rosa… Una rosa azul… Una rosa azul falsa… Con su existencia forzada.

Y nos pasamos horas, horas y horas profundizando en nuestros recuerdos, expresando nuestras filosofías de vida y nuestros aprendizajes. ¡Y no todo es tristeza!

Idolatramos las sonrisas llenas de espontaneidad y nerviosismo, los chistes malos, las miradas seductoras con toques de torpeza, los mensajes en el celular por la mañana, los “Te Quiero” sinceros, las locuras hogareñas, el sexo convertido en amor y viceversa, y esos ojos hermosos que deslumbran con adoración y felicidad, las amistades sinceras, los códigos de ética en cada uno de nosotros, la poesía romántica, la música que nos invade, los besos endulzados con lujuria, y la compañía durante las comidas…

Y nos convertimos como bien dice él: En mujeres sin hombres u hombres sin mujeres o personas sin personas… Sin ÉSE alguien pues. Y buscamos todo eso que nos llenaba en todos lados, y nada nos complace; y tal vez nada lo haga jamás.

“Todo sucede en un abrir y cerrar de ojos. Y una vez convertido en hombre sin mujer, el color de la soledad va tiñendo hasta lo más hondo de tu cuerpo. Como una mancha de vino que se derrama sobre la alfombra de tonos claros. No importa cuan amplios sean tus conocimientos en labores domésticas, porque eliminar esa mancha será una tarea terriblemente ardua. Quizá el color se vuelva desvaído con el tiempo, pero probablemente la mancha permanecerá hasta que exhales el último suspiro. Es una mancha cualificada y, como tal, también tendrá su derecho a manifestarse en público de vez en cuando. No te quedará más remedio que vivir con la suave transición de su color, y con su contorno polisémico”.

Y después de escuchar sus argumentos durante la noche lluviosa, no soy quién para contradecirlo.

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