Mi vida

Mi vestido ya no es blanco

Recuerdo como estaba parada allí, desorientada.

La primer imagen que vi, fue de mis zapatos color blanco, eran de un color brillante ¿serían de charol? Charol pisando fango. Mi vestido era del mismo color, adornado con manchas oscuras ¿lodo supongo… qué era? Levanté la mirada, tenía ante mi un camino accidentado, tortuoso y sin fin visible, maleza a los costados dibujando delimitaciones.

Sentí un dolor agudo en mi cuerpo, no puedo decir qué parte dolía más ¿mis brazos, las palmas de mis manos, mi hombro derecho, las rodillas, mi frente? Tenía heridas, algunas superficiales, otras profundas ¡Sangraban! ¡Cómo duele! Entre tanta suciedad tal vez se infecten ¿qué había pasado?

Caminé, tambaleándome en cada paso. Mientras avanzaba me encontraba con personas en el mismo estado que yo, ropa clara contrastada con lodo, algunas tiradas en el camino inconscientes, otras intentando levantarse con sus propios medios, y otras más andando ya recuperadas. ¡Qué extraño! Había personas que provocaban caídas, manchaban la ropa ajena, y buscaban crear heridas profundas sin posibilidad de recuperación; había otras que ayudaban: a levantarte, a intentar limpiar tu vestimenta, a aliviar el dolor y escuchar qué te había pasado… ¿qué me había pasado? …. ¡Ya recuerdo! Me caí, tenía un compañero y me caí, alguien “me puso el pie” para provocar mi tropiezo. La altura era muy grande, cuando vuelas y disfrutas tanto la vista no piensas en la posibilidad de caer, bueno en realidad si la consideras, sabes que existe la posibilidad de soltar pero no lo crees posible hasta que te encuentras en el suelo, con una herida de muerte y cubierta de fango.

Cada mancha y cicatriz representa cada caída. Cada una de ellas deja su huella, grande o pequeña, profunda o superficial son parte de ti, y por ello ¡Mi vestido ya no es blanco! He recordado el porqué y no quiero describir mi caída con mayor detalle, solo sepan que caí y que ahora con mucho esfuerzo estoy de pie llevando con resignación mi vestido sucio que traduzco en experiencias, y mi herida mortal que refleja traición e injusticia.

Sepan que con todo ésto, voy caminando, observando mi alrededor y prometiéndome no caer de grandes altura ¡Aprendí lo juro! y me lo repito a cada momento ¡Si aprendí, si aprendí, si aprendí! Creo que ésto puede ser considerado por el momento como mi mantra. Y mientras recorro mi camino, en el proceso pienso que nadie querrá mi compañía en estas condiciones. ¿Todos pensarán los mismo? Continúo esquivando los charcos y cualquier obstáculo que me haga caer, ahora camino lento y sigilosamente, repitiendo mi mantra una y otra vez.

¡Qué sueño tan más loco! ¿no?

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